lunes, 4 de mayo de 2009

Lo que se aprende en un fin de semana (sobre el Islam)


He tenido la suerte de compartir este fin de semana con un amigo palestino, que reside en Jerusalem. Es ateo, pero conoce la doctrina del islam, como casi todos los que allí residen.


El caso es que hemos hablado largo y tendido sobre la sexualidad en el Islam (además de otras muchas cosas, claro). Resulta que lo único que no pueden hacer antes de casarse es mantener relaciones sexuales "completas", es decir, con penetración. Pero todo lo demás está permitido, por lo que se buscan la vueltas para hacer de la relación sexual un mundo infinito...lo cual no está nada mal, porque la imaginación se hace más necesaria. Esto evitaría muchos problemas en los países cristianos, sobre todo de culpabilidades y de mierdas del estilo que han frustrado tantas y tantas relaciones y que han obligado a casarse a más de uno sólo por el hecho de poder de disfrutar con una mujer.
Por otro lado, es muy importante que tanto la mujer como el hombre disfruten de las relaciones, así que se lo curran un montón.
Otra cosa son los métodos anticonceptivos: absolutamente permitidos. La práctica del sexo no es una cuestión de procrear, sino también de disfrutar. Por eso es fácil que se utilicen muchos tipos de anticonceptivos y sin contradicciones con la religión. En realidad, yo siempre pensé que no, porque hay mujeres (en Marruecos) que les ocultan a sus maridos que están tomando la píldora, aunque quizá no provenga de un problema religioso, sino de uno cultural.

Hay otras cosas fascinantes del Islam. En caso de que encuentren algún objeto que obstaculice un camino, deben quitarlo si pueden. Eso me parece cojonudo. Sería bastante menos peligroso caminar por algunos sitios o ir con el coche.

Sin embargo, tal y como antes decía, este amigo no es musulmán, y también me hizo referencia al control que tiene esta religión sobre la vida de los practicantes. Lo más radicales, deben cumplir normas hasta de con qué pie entrar en una casa, cómo hablar a su mujer o una cantidad inmensa de normas cotidianas que prácticamente imposibilitan la libertad en casi cada uno de los actos diarios.

He aprendido del Islam, pero también de Palestina, de Israel, y de tantas y tantas cosas que no puedo más que agradecerle al doctor Naím y a Sofía este fin de semana.





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